Lo que no te puedes perder en tu primera visita a Lanzarote

Lanzarote ha sido mi tercera isla canaria visitada y sin lugar a dudas, mi preferida hasta el momento. Sus pueblecitos de casitas blancas, sus restos volcánicos, sus playas de agua cristalina y toda la arquitectura de César Manrique hacen que Lanzarote valga muchísimo la pena. Os dejo en este post lo que más me ha gustado de la isla. 

Sus pueblos blancos

Son pequeñísimos, tradicionales, tranquilos (quizás me atrevería a decir que hasta demasiado) y tienen un contraste precioso entre sus casas blancas, sus plantas verdes y sus tierras negras. Se visitan rápido; primero porque son pequeños y segundo porque en la isla todo está bastante cerca (y las carreteras son inmejorables). Los que más recomiendo son San Bartolomé, Yaiza y El Golfo. A parte, diría que nadie debe perderse Teguise (que no Costa Teguise), aunque este es algo más grande y menos pintoresco. Su parte positiva es que encontrarás sitios donde comer tapas tradicionales canarias como el restaurante La Bodeguita del Medio.  En los pueblos pequeñitos olvídate de encontrar dónde comer. 

Parque Natural del Timanfaya

Espectacular área natural protegida dónde poder apreciar toda una zona volcánica que tuvo su última actividad en el siglo XIII. El parque natural es bastante grande y hay varias cosas que hacer. Para una primera visita recomiendo las montañas de fuego, el charco de los Clicos y los Hervideros.

Las montañas de fuego son una ruta que se puede visitar en el parque natural solo en autobús y sin poder bajar en ningún momento. Dura unos 45 minutos y los paisajes son realmente espectaculares. Cuando oigas a alguien decir que Lanzarote tiene un paisaje lunar, se está refiriendo a este lugar. Hay zonas que todavía conservan calor bajo tierra y se utiliza como barbacoa natural en el restaurante que hay en el centro de visitantes. Aunque todo está bastante enfocado al turismo de masas (todos los carteles en mil idiomas, todo guiado...) vale la pena verlo.

El charco de los Clicos y los Hervideros son dos paisajes que me enamoraron muy cerca del pueblo El Golfo (que os comentaba antes). El charco es de color verde intenso debido a unas algas que viven en él y aunque no puedes acercarte, impresiona verlo desde arriba. Los Hervideros en cambio son unos acantilados de la zona a los que se llega en coche desde Playa Blanca o desde el Golfo. Sin duda vale la pena una parada.

Jameo de las Aguas y toda la obra de César Manrique

Es posible que ya te suene el nombre de este famoso arquitecto español o, puede que como yo, no ha descubierto su obra hasta planear este viaje. César Manrique centra prácticamente toda su obra en su isla natal y en todo momento busca su integración con la naturaleza. Los Jameos del Agua es su obra más conocida, aprovecha un tubo volcánico por el que corrió la lava del volcán Corona para crear un espacio dónde actualmente se celebran cenas y conciertos. Aunque había visto fotos del lugar, me dejó sin palabras. Es una de las obras arquitectónicas más bonitas y que más paz transmiten que haya visto jamás. Si vas a ir a Lanzarote ni lo busques por internet, simplemente plántate allí y disfruta. 

Nosotras también visitamos la que fue su casa y su fundación, dos edificios del mismo estilo donde naturaleza y arquitectura se funden en uno. Si no tienes tiempo para visitarlo todo, te recomiendo Jameos del Agua pero si pudieses (o algún día no te hiciese bueno como fue nuestro caso), conocer más sobre su obra es un acierto.

Por último, también destacaría el Jardín de los Cactus, también obra del famoso arquitecto donde se reúnen variedades de cactus traídas de todo el mundo. Súper guay (sobre todo si eres una loca de los cactus como yo). 

Playa (o mejor dicho playas) Papagayo

Cerca del parque natural del Timanfaya y de la poco atractiva Playa Blanca (lo siento, los pueblos ultra explotados al turismo no son mi estilo), hay la playa del Papagayo realmente formada por 5 playa: playa Mujeres, El Pozo, Caleta del Congrio, Puerto Muelas y El Papagayo.

Para entrar a la zona hay que pagar (3€) pero realmente vale la pena. Las playas están 0 concurridas (por lo menos a principios de septiembre) y son todas espectaculares (algunas nudistas por cierto). Si puedes, no te pierdas la puesta de sol en esta zona.  Justo al  salir del parking hay un chiringuito (que estaba cerrado en septiembre) pero que claramente vislumbré como EL sitio para tomar algo antes del anochecer. Y si queréis otro consejo: perdeos una mica por la zona, os va a flipar.