Mis favoritos de Marrakech

09.01.2020

Los que me conocéis sabéis que soy una enamorada de Marruecos: de sus ciudades, su arquitectura, su cultura y su gente. La primera vez que fui allá por el 2015, tuve la oportunidad de visitar Marrakech, el desierto de Merzouga y Fez. Después he vuelto 3 veces más teniendo la oportunidad de visitar no solo Marrakech, sino también el Valle de Ourika y el desierto de Agafay. 

Después de varias visitas, tengo claros cuáles son los imperdibles de la ciudad para mí:

Jardines Majorelle. Los jardines que sirvieron de inspiración a Yves Saint Laurent. Solo por eso, a mi ya me apetecía ir. Se trata de unos jardines de grandes dimensiones con multitud de plantas distintas: cactus, palmeras, bambús...y con la particularidad de tener todos los edificios pintados de azul Índigo. El coste de entrada es de 70 dh (17€).

El zoco de Marrakech, un laberinto de callejuelas llenas de puestos y tenderetes donde los marroquíes hacen sus compras y los amantes del regateo encuentran su paraíso. El zoco es enorme: se extienda desde la Plaza de Jamaa el Fna y ocupa decenas de laberínticas calles. Para mi sorpresa, la gran parte del mercado está tapado, por lo que el sol no es un problema. En el zoco encontraréis a los artesanos agrupados por gremios: tintoreros, cesteros, joyeros...cada zona se dedica a vender algo concreto. Hay una cosa que debéis saber si lo visitáis: seguro que en algún momento os perdéis y decenas de niños os quieren indicar como llegar a Jamaa el Fna. No sufráis, nos ha pasado a todos. Simplemente seguid los cartelitos que hay en las esquinas de las calles y llevan a la plaza central y, sobre todo, no desesperéis.

Plaza Jemaa el Fna - el centro neurálgico de la ciudad y el lugar más importante de la medina. Durante el día encontraréis mil cosas que os llamarán la atención: desde domadores de monos (que os harán moriros de pena porque los llevan atados con cadenas en malas condiciones) hasta encantadores de serpientes pasando por dentistas exponiendo sus últimas piezas extraídas. Además, encontraréis mil puestos de zumos de naranja, especias y menta. Por la noche, esta plaza es otra: desaparecen los tenderetes de la mañana y se llena de puestos de comida donde se puede cenar con música improvisada, espectáculos y tatuadoras de henna. Algo único. Al atardecer no os perdáis subir a alguno de los rooftop de la plaza: seguro que será uno de los mejores momentos del viaje. 

Medersa Ben Youssef - las medersas (o medrazas) son los colegios musulmanes de estudios superiores que están especializados en estudios religiosos. La madraza de Ben Youssef se construyó para los estudiantes de la mezquita cercana con el mismo nombre. Además de ser la más importante también es la más grande de Marruecos. Consta de 130 celdas que permitieron alojar hasta 900 estudiantes. Si hay que destacar algo es el patio interior donde la arquitectura árabe se muestra todo su esplendor. Si estáis pensando en visitar la ciudad próximamente no te la pierdas (aunque te digan en la entrada que solo se puede pagar en efectivo no es verdad, pide pago con tarjeta y te lo acaban aceptando). 

Plaza des Epices - Es una plaza muy céntrica llena de puestecitos donde regatear regentadas por mujeres que te harán la henna donde destaca una cafetería con terraza panorámica. El local es un estrecho edificio rojo con terracita a pie de calle y dos pisos (arriba es donde se encuentra la terraza panorámica con parasoles de paja que recomiendo muchísimo). El café y el té a la menta están deliciosos y el personal es joven y simpático; además cuentan con wifi. A parte de la cafetería, la plaza de las especias es muy top. Está llena de puestos de especias (como bien se intuye por su nombre), hennas y ungüentos de mil colores.

Tumbas Saadíes - uno de los sitios más visitados de Marrakech. Fueron abiertas al público en 1917, cuando fueron descubiertas. Datan de finales del siglo XVI y están localizadas en un jardín cerrado al que se accede a través de un pequeño pasillo. Se pueden ver más de 100 tumbas decoradas con mosaicos. En ellas están enterrados los cuerpos de los sirvientes y guerreros de la dinastía saadí. El precio de la entrada es de 70dh (7€).

Palacio de la Bahía. Hablamos de una de las obras arquitectónicas más importantes de Marrakech construida a finales del siglo XIX con el objetivo de ser el palacio más impresionante de todos los tiempos. En las 8 hectáreas de extensión que tiene el palacio se ubican 150 habitaciones que dan a diversos patios y jardines. Aunque mucha gente opina que no es demasiado espectacular porque está completamente vacío, a mí me pareció precioso y sin duda me valió la pena pagar los 10dh (1€) que cuesta entrar.

Curtidorías. Quizá no sean tan impresionantes como las famosas de Fez, pero merecen la pena. Están a unos 20 minutos del centro y lo mejor es que te sacan un poco del circuito más turístico, dejándote ver una cara bastante más auténtica y cotidiana de la ciudad. Normalmente un chico que trabaja allí mismo te hace de guía a cambio de un módico precio y te va explicando todo el proceso artesanal mientras esquivas el olor con unas ramitas de menta que te dan nada más llegar para no morir en el intento. La visita termina, cómo no, en una tienda enorme llena de chaquetas, bolsos, zapatillas y todo tipo de productos de piel espectaculares, muchos hechos allí mismo y con una calidad brutal.

Jardines de Menara. Son uno de esos sitios perfectos para bajar un poco el ritmo después del caos de la medina. No esperes unos jardines súper exuberantes ni algo especialmente espectacular, porque en realidad la gracia está en el ambiente: el enorme estanque con el pabellón de fondo, las vistas a las montañas del Atlas si el día está despejado y la cantidad de locales que van allí a pasear, hacer picnic o simplemente pasar la tarde. Está algo apartado del centro, así que el trayecto ya sirve para ver otra cara de Marrakech mucho menos turística y más tranquila. Es un plan sencillo, sin grandes pretensiones, pero precisamente por eso tiene bastante encanto. 


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