5 días por Bretaña, Mont Saint Michel y las playas del Desembarco de Normandía

24.03.2026

Lo primero que tengo que decir es que esta zona da, de sobras, para dos escapadas diferentes. Por un lado, Bretaña con sus pueblos de cuento y su costa salvaje, y por otro, Normandía con toda la carga histórica del Desembarco y lugares tan icónicos como Mont Saint-Michel.

Pero nosotros decidimos juntarlo todo y, la verdad, nos salió un recorrido muy top. Intenso, sí, pero también muy variado y completo. Así que dejo aquí el itinerario tal cual lo hicimos, día a día.

DÍA 1 - Llegada a Nantes

Llegamos a Nantes por la tarde, recogimos el coche de alquiler y nos quedamos a dormir cerca del aeropuerto. Fue un día logítico pero así nos permitía empezar el día siguiente pronto y ya empezar la ruta.

DÍA 2 - Pueblos de Bretaña y Alineamientos de Carnac

La primera parada del día la hicimos en uno de los pueblo súper pequeñito, considerado uno de los más bonitos de Francia (exagerado desde mi punto de vista): Rochefort-en-Terre. Desayunamos en L'Art Gourmand, una pastelería con zona para sentarse muy kuki, ideal para empezar el día sin prisas.

El pueblo es bonito, pero siendo sinceros, cuando fuimos nos pareció sin más. Eso sí, estoy convencida de que en primavera gana muchísimo, porque tiene muchísimas flores y todo está preparado para lucirlas. 

Seguimos nuestro camino hacia Auray, donde empezamos a disfrutar de verdad. El pueblo tiene un casco histórico con mucho encanto, pero lo mejor es bajar al puerto de Saint-Goustan, una zona con casas de piedra y un ambiente medieval muy bien conservado. Parada obligatoria en Ailleurs Café, una librería-cafetería de las que apetece quedarse un buen rato. 

Si haces la ruta en coche como nosotros, puede aparcar gratis en el Parking gratuit Saint Joseph. 

Paseando por sus calles y sus tiendecitas, se nos hizo la hora de comer y elegimos Frénésie y fue un acierto total. Un menú muy bueno para probar gastronomía francesa en un ambiente moderno y acogedor. Repetiría sin duda. 

Después de comer nos dirigimos a los alineamientos de Carnac, uno de los conjuntos megalíticos más importantes del mundo, con miles de piedras colocadas en filas y con más de 6.000 años de antigüedad. Su origen exacto sigue siendo un misterio. Descubrimos que esto existía una vez llegamos a Auray y no quisinos perdérnoslo. Sinceramente, uno de los grandes descubrimientos del viaje y para mí lo más top (después del Mont Saint-Michel). Aunque no es tan impactante como Stonehenge, tiene algo que lo hace muy especial: puedes caminar entre las piedras, lo que cambia completamente la experiencia.

Recomiendo dedicarle una tarde entera y recorrerlo caminando, aunque también se puede ir en coche parando en los puntos principales. De verdad, si puedes, no te lo pierdas. 

Última parada del día en una ciudad con muchísimo encanto: Vannes, dónde hicimos noche. Su casco histórico, con murallas y casas de entramado de madera, tiene un ambiente muy especial. Da la sensación de que en primavera y verano tiene que ser todavía más bonito.

DÍA 3 - Fougères y Playas del Desembarco

Nos levantamos pronto y posimos rumbo a Fougères, otra de las grandes sorpresas del viaje. El Château de Fougères es uno de los castillos medievales más grandes de Europa y realmente impresiona pasear paralelo a sus murallas. Además, coincidimos con mercado, lo que le daba aún más vida al lugar. Sin duda, un diez.

Hicimos parada técnica de desayuno en Avranches, y aunque solo tomamos un café, me lo dejo pendiente para otra escapada porque parecía también un pueblo muy bonito para pasear. Después de un rato más de coche, entramos en una de las zonas más importantes de la historia reciente de Europa: el escenario del Desembarco de Normandía en 1944, una operación clave de la Segunda Guerra Mundial. La primera parada fue Omaha Beach, donde se encuentra uno de los monumentos más conocidos y un museo sobre el Desembarco (al que no entramos). Después visitamos el Normandy American Cemetery y La Cambe German war cemetery. La diferencia entre ambos es muy evidente. El americano es mucho más impresionante, con miles de cruces perfectamente alineadas frente al mar. El alemán, en cambio, es mucho más sobrio y oscuro aunque yo los visitaría los dos.

Seguimos hacia Utah Beach y el pueblo de Sainte-Mère-Église, conocido por la historia de un paracaidista que quedó enganchado en el campanario de la iglesia y sobrevivió haciéndose el muerto durante el combate. Hoy en día hay un maniquí que lo recuerda. 

Antes de llegar a Saint-Malo hicimos una parada en el mirador de Mont Saint-Michel viewpoint. La primera vista del Mont Saint-Michel desde aquí es realmente espectacular y nos dio aún más ganas de visitarlo al día siguiente.

Llegamos al final del día a Saint-Malo, una ciudad amurallada junto al mar con muchísimo carácter y vida que claramente me queda pendiente seguir descubriendo.

CONSEJO: Aparca a las afueras y no entres con el coche. Las calles són super estrechas y es casi imposible aparcar dentro. Yo pasé 15 minutos un poquito intensos cuando el GPS me metió por dentro del pueblo. Después de dar vueltas y no encontrar aparcamiento, lo dejamos finalmente en este parking gratuito a 20 minutos caminando del centro.  

Día 4 – Mont Saint-Michel y Dinan

Antes de salir hacia el motivo principal de esta escapada, dimos un paseo por Saint-Malo que aún me gustó más que la noche anterior. Desayunamos como reyes en Bakery Maison Hector antes de coger el coche e ir hacia el Mont Saint-Michel. Creo que es el sitio perfecto donde dormir la noche antes de visitar el Mont Saint-Michel, porque hay solo 45 minutos en coche y el pueblo es precioso.  

Y por fin, llegamos a uno de nuestros grandes pendientes en Francia: el Mont Saint-Michel. Es uno de los lugares más icónicos del país y cuando estás delante entiendes por qué (por muchas fotos que hayas visto, impresiona). Si tengo una recomendación que hacer es caminar del parking hasta la abadía (45 minutos más o menos). Sin duda, lo que más me gustó de la visita: ir avanzando por la pasarela de madera y ver como te acercas a este increíble lugar y despues, pasear por el interior del pueblo subiendo todas sus calles de piedra.

Por si no lo sabías, lo único que es de pago aquí (a parte del parking) es la Abadía y, la verdad, es que es lo que menos me gustó. Si es tu primera vez vale la pena, pero yo no volvería a entrar. Y si vas en temporada alta y te quedas sin entradas, igualmente visita el Mont Saint-Michel porque vale la pena.  Nosotros fuimos en temporada baja y prácticamente no había gente, lo que hizo la experiencia aún más especial. Desde el parking hay un trenecito gratuito. No recomiendo cogerlo a la ida, porque acercarse caminando es parte de la experiencia, pero a la vuelta puede ser una buena opción si estás cansado.

Una vez hicimos toda la visita y comimos dentro del pueblo, hicimos otra parada en el mirador de Méandres viewpoint, también precioso con todas las ovejitas en medio. 

Por la tarde visitamos Dinan, que entró directamente en mi top tres del viaje. Es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Bretaña, con murallas, puertas fortificadas y un casco antiguo lleno de calles empedradas y casas de entramado de madera que parecen sacadas de un cuento. Aquí es imprescindible bajar por la famosa Rue du Jerzual, probablemente la calle más bonita del pueblo. Es una calle empinada, llena de talleres de artesanos, galerías y rincones con muchísimo encanto. Bajarla sin prisa es parte de la experiencia. Al final de la calle llegas al río Rance, donde el ambiente cambia completamente. Hay un pequeño puerto fluvial con barcas, caminos para pasear y una zona mucho más tranquila, perfecta para parar un rato y simplemente disfrutar del entorno. En general, Dinan es un sitio para recorrer sin mapa (y aprovechar para hacer alguna compra).

A la hora de cenar llegamos a Nantes, dejamos el coche en el aeropuerto y nos fuimos a descansar para coger fuerzas para el último día de la escapada.

Día 5 - Nantes

Dedicamos el último día a recorrer Nantes. Aunque no se convirtió en una de mis ciudades favoritas de Francia, sí que me pareció una ciudad interesante, con una mezcla bastante curiosa entre historia, pasado industrial y mucho arte contemporáneo.

Nantes fue durante siglos la capital del antiguo Ducado de Bretaña y un puerto clave en el comercio atlántico, algo que se nota en su arquitectura y en la importancia de su río, el Loira. Hoy en día es una ciudad bastante dinámica, con un punto creativo muy marcado.

Empezamos desayuno en Madeleine Cafè con calma y saboreando todo lo que habíamos visto en la escapada. Paseamos por la antigua fábrica de galletas LU, que hoy en día se ha reconvertido en un espacio cultural, y visitamos el Château des ducs de Bretagne y el Miroir d'eau Nantes, uno de los puntos históricos más importantes de la ciudad. Fue residencia de los duques de Bretaña y hoy alberga un museo que explica la historia de Nantes (no entramos pero igualmente vale la pena pasear por dentro de las murallas que es gratuito). Muy cerca, la Cathédrale Saint-Pierre-et-Saint-Paul también merece una parada. Es un edificio imponente de estilo gótico, con un interior muy luminoso y una historia bastante movida, ya que ha sufrido varios daños y restauraciones a lo largo del tiempo. Antes de ir a comer, dimos un paseo por El Jardin des Plantes de Nantes que nos gustó mucho. Es un jardín botánico muy cuidado, con zonas muy creativas y un aire bastante relajado, perfecto para desconectar un rato. 

Para comer elegimos a La 500 Nantes, que me pareció muy un acierto total, y de postre, parada dulce en ArnO Boulangerie, que fue todo un acierto.

Seguimos hacia el Passage Pommeraye, una galería comercial del siglo XIX con una arquitectura muy elegante, llena de escaleras, esculturas y detalles que la hacen diferente. Para mí uno de los sitios más bonitos de la ciudad.

Para el final dejamos Les Machines de l'île, el símbolo de la ciudad. Está construido en los antiguos astilleros y la idea mezcla arte y mecánica inspirada en el universo de Julio Verne, que nació aquí. El famoso elefante gigante es la gran atracción. Sinceramente, me pareció bastante chorrada, pero entiendo perfectamente que si viajas con niños puede ser muy divertio.

Una de las cosas que más me sorprendió de Nantes es la cantidad de arte que hay repartido por todas partes. Destaca especialmente la escultura Le Mètre à Ruban, pero en general toda la ciudad tiene ese punto artístico que la hace diferente.

Después de todo este recorrido, vuelta al hotel a coger un Uber (sale más a cuenta que el bus si sois 2 o más) y de camino al aeropuerto con una sensación maravillosa de seguir descubriendo Francia. 


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