Nos levantamos y
llovía a mares pero decidimos mantener la ruta porque no teníamos margen de
días. Así que nos pusimos los chubasqueros y hicimos la primera parada en el Viaducto de Glenfinnan. Sí, el de Harry
Potter. El que aparece en la escena del tren sobrevolando el paisaje escocés
camino de Hogwarts. Construido entre 1897 y 1901, tiene 21 arcos y 380 metros de longitud, y está en un entorno que te hace
entender por qué lo eligieron para las películas. Desde el mirador (hay que
subir un tramo a pie desde el aparcamiento) se ve todo el viaducto con el Loch Shiel de fondo. El Jacobite Steam Train — el tren de vapor
que lo cruza y que es literalmente el Expreso de Hogwarts — funciona solo en
temporada (normalmente de mayo a octubre), así que nosotros no lo pillamos,
pero igualmente creo que la parada vale la pena.
De ahí seguimos
hacia el Castillo de Eilean Donan, uno
de los símbolos de Escocia. Está construido sobre una pequeña isla en la
confluencia de tres lagos — Loch Duich, Loch Long y Loch Alsh — y es,
probablemente, el castillo más fotografiado del país. Los orígenes se remontan
al siglo XIII, fue destruido en el XVIII durante una rebelión jacobita y
completamente reconstruido en el XX. Comimos justo a los pies del castillo y
aprovechamos que habíamos pagado el aparcamiento para visitar la zona. Decidimos
no entrar porque no somos muy fans de los castillos por dentro, así que no te
puedo dar una opinión.
Después de comer,
entramos a la Isla de Skye por el
puente que la une con el continente. También se puede acceder en ferry pero
vimos la diferencia de tiempo y se tarda más o menos lo mismo, así que
decidimos entrar y salir por carretera y hacer la parada en el Castillo de
Eilean Donan a la llegada en vez de a la salida. Eran ya casi las 15h cuando
llegamos a Skye así que solo hicimos paradas rápidas de camino a nuestro
alojamiento:
Eas a'Bhradain, una cascada bastante escondida y muy bonita,
perfecta para estirar las piernas.
Puente Viejo de Sligachan: un puente de piedra del siglo XIX con unas
vistas directas a las Cuillin Hills,
la cadena montañosa más espectacular de la isla. Hay una leyenda local que dice
que si metes la cara en el agua del río durante 60 segundos te garantizas la
eterna juventud. Hacía frío, así que perdí mi gran oportunidad. Seguiremos
confiando en el skincare coreano.
Portree, la capital de Skye. Un puerto precioso con casas de colores, restaurantes
con buena pinta y ese ambiente de "última civilización antes de
perderte". Muy kuki y muy fotogénica. Última parada antes de adentrarnos
en el norte de la isla.
Bride's Veil Falls (Caída del Velo de Novia): otra cascada preciosa
de camino.
Kilt Rock y Cataratas de Mealt: Esta fue mi parada preferida. Kilt Rock
es un acantilado de basalto con columnas verticales que recuerdan al tejido a
cuadros de un kilt escocés (el parecido es real). Justo al lado, las Cataratas de Mealt caen directamente al
mar desde unos 55 metros de altura. La combinación es absolutamente brutal y el
mirador está a 2 minutos caminando del aparcamiento.
Ya cuando caía la
noche llegamos a nuestra casa en medio de los campos, entre ovejas y silencio
absoluto, cerca de Brogaig en el
norte de Trotternish. Sin cobertura, sin ruido, con el cielo que en Escocia
parece más grande. Brutal.