Nuestra ruta de 17 días recorriendo Perú

18.10.2026

Perú es uno de los destinos más completos en los que he estado: en poco más de dos semanas pasamos del desierto de la costa del Pacífico a ciudades coloniales, volcanes, lagos a casi 4.000 metros, montañas de colores, restos de la civilización inca, Machu Picchu y, para terminar, la selva amazónica.

Eso sí: Perú es enorme, las distancias engañan muchísimo y si quieres intentar ver un poco de todo hay que asumir bastantes madrugones, buses nocturnos y algún día de esos de "¿por qué hemos decidido hacer esto?". Nosotros decidimos renunciar al Cañón del Colca para poder hacer el viaje con algo más de calma y, aun así, hubo días bastante intensos.

Nuestra ruta fue completamente por libre, combinando buses, vuelos, taxis negociados y alguna excursión. Y después de haberla hecho, creo que el recorrido tiene bastante sentido porque empieza en la costa, va subiendo poco a poco hacia los Andes, pasa por Cusco y Machu Picchu y termina en la zona del Amazonas. Así que aquí os dejo la ruta detallada por si os ayuda a organizar vuestro viaje por este increíble país.

DÍA 1 – Barcelona – Lima. Primer día y, como siempre que empieza uno de estos viajes largos, poca cosa que contar más allá de aeropuertos, aviones y muchas ganas.

Volamos desde Barcelona hacia Lima con escala en Miami llegando de madrugada a Lima. La idea era dejar la capital para el final y dirigirnos directamente hacia Paracas. Y así empezaba nuestra aventura peruana.

DÍA 2 – Lima – Paracas. Llegamos a Lima y prácticamente sin parar nos fuimos directos a la estación de autobuses para coger el bus hacia Paracas. El trayecto desde Lima son unas tres horas, así que llegamos a Paracas todavía con bastante día por delante. Dejamos las cosas en el alojamiento, dimos una primera vuelta por el centro y rápidamente empezamos a ver algo que se repetiría durante todo el viaje: excursiones por todas partes. En Paracas te ofrecen tours para absolutamente todo. Y, en este caso, nosotros teníamos clarísimo que queríamos hacerlo por nuestra cuenta. Así que alquilamos unas motos y nos fuimos hacia la Reserva Nacional de Paracas. Y aquí viene una de las primeras recomendaciones del viaje: si os sentís cómodos conduciendo, yo alquilaría moto y recorrería la reserva por libre. La gracia es poder parar donde quieras, ir a tu ritmo y disfrutar del paisaje sin ir siguiendo a un grupo. La Reserva Nacional de Paracas es una enorme área protegida donde el desierto prácticamente se mete dentro del océano Pacífico. Hay acantilados, playas, formaciones rocosas y unos paisajes que parecen de otro planeta. Una pena que no pudimos ver la famosa Catedral de Paracas porque, después del terremoto de 2007, la formación rocosa desapareció. Dentro de la reserva hay pocos sitios donde comer, así que nosotros fuimos a Cevichería La Tía Fela y fue un auténtico descubrimiento. Comida brutal y, además, unas vistas preciosas a los pelícanos que pescaban delante de nosotros.

Después de recorrer la reserva volvimos al alojamiento, ducha rápida y salimos a dar una vuelta por Paracas. Y aquí os voy a ser sincera: Paracas no se merece más de un día. Para dar un paseo, tomar algo, cenar y pasar la noche está bien, pero no me parece que sea un sitio al que dedicaría demasiado tiempo. Para nosotros, el verdadero atractivo está en la reserva y en todo lo que hay alrededor por lo que con una noche hay suficiente para esta zona si vas justo de tiempo.

DÍA 3 - Islas Ballestas – Huacachina y bus nocturno a Arequipa. Nos levantamos pronto para hacer la excursión a las Islas Ballestas, uno de los lugares más conocidos de esta zona de Perú. A las islas se llega en barco desde Paracas y son conocidas como las "Galápagos de Perú". ¿Mi opinión? Creo que la comparación es bastante exagerada. Nosotros fuimos durante un episodio del fenómeno de El Niño y nos explicaron que normalmente hay bastante más fauna, así que probablemente nuestra experiencia no fue la habitual. Aun así, nos pareció un poco decepcionante porque solo vimos 4-5 leones marinos (y un pinguino de lejos). Menos mal que pasamos por delante de El Candelabro, uno de los grandes misterios de la zona y eso mejoró mucho la experiencia. Es un enorme geoglifo dibujado sobre la arena de unos 170 metros de longitud cuya procedencia y significado siguen siendo objeto de debate.

Después del paseo volvimos a Paracas y fuimos a desayunar a Puerto Café, que se convirtió en nuestra cafetería favorita de la ciudad. Cogimos después un bus hacia Ica y allí negociamos con un taxista para que nos llevara hasta Huacachina. Y aquí llegó una de las sorpresas del viaje. Yo iba pensando que Huacachina sería una de esas turistadas que haces porque "ya que estás allí hay que hacerlo" y acabó gustándome muchísimo más de lo que esperaba. Se trata de un pequeño oasis rodeado completamente de dunas en medio del desierto. Y sí, es bastante turístico, pero también es bastante espectacular. Nos subimos a los famosos buggies para recorrer las dunas y hacer sandboard. Y fue mucho más divertido de lo que me esperaba. El buggy subiendo y bajando por las dunas a toda velocidad, las vistas del desierto y esa sensación de estar en mitad de absolutamente ninguna parte... nos encantó. De hecho, después de haber estado allí, creo que merece bastante la pena quedarse a dormir una noche en Huacachina y disfrutar del oasis con algo más de calma si el tiempo te lo permite.

Nosotros no lo hicimos porque esa misma noche cogíamos un bus nocturno hacia Arequipa.Así que después de un día bastante intenso, nos esperaba otra noche en carretera.

DÍA 4 – Arequipa. Llegamos a Arequipa por la mañana después del bus nocturno. Por suerte, nuestro alojamiento nos permitió hacer early check-in, así que pudimos ducharnos, dejar las cosas y salir directos a conocer la ciudad. Y nuestro primer destino fue el Monasterio de Santa Catalina, prácticamente una ciudad dentro de Arequipa. Fue fundado en el siglo XVI y durante siglos fue un convento de clausura. Tiene calles estrechas, patios, claustros, pequeñas casas, plazas y paredes de colores intensos. Es de esos sitios en los que vas entrando en una habitación y después en otra y continuamente estás encontrando un rincón nuevo. Para mí, imprescindible en Arequipa. Y, si puedes, con visita guiada para entender mejor todo lo que significa ese lugar. Después nos fuimos a comer a Chicha, el restaurante de Gastón Acurio. Ya os aviso que durante este viaje tuvimos una especie de obsesión con probar varios restaurantes del universo Acurio y éste fue el primero. Este restaurante también existe en Lima y Cusco, pero nos habían recomendado especialmente el de Arequipa, así que aprovechamos para probarlo aquí.

Después de comer nos fuimos a conocer Mundo Alpaca: una tienda-museo en el centro de la ciudad dónde pudimos ver nuestras primeras alpacas y llamas del país. Arequipa tiene una relación histórica muy importante con esta fibra y encontraréis tiendas por todas partes. También nos acercamos al mercado de San Camilo, el mercado central de la ciudad cargado de puestos de comida (tanto para cocina como para comer allí). Eso sí, si tienes intención de comer, espero que tengas el estómago fuerte porque todos los platos que vimos eran cocidos de tripas y cosas así. Nosotros nos quedamos claramente con los pasillos de fruta.

Y, cuando se acercaba la puesta de sol, subimos al mirador de Ayahuara, desde donde se pueden contemplar los grandes protagonistas del paisaje arequipeño: el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu, 3 volcanes que rodean la ciudad.

DÍA 5 – Ruta del Sillar y Arequipa. Aunque nuestro plan este día era dirigirnos hacia el Cañón del Colca, finalmente decimos dedicar algo más de tiempo a Arequipa y no ir tan a piñón. Así que ste día nos levantamos con calma para hacer la Ruta del Sillar, una excursión que permite conocer de dónde sale precisamente esa piedra blanca tan característica de Arequipa.

El sillar se ha utilizado durante siglos en la construcción de iglesias, casonas y monumentos de la ciudad y la ruta permite ver las canteras y el trabajo que hay detrás. Nosotros añadimos también la zona de Culebrillas, con sus formaciones y canteras excavadas. ¿Es imprescindible? Para nosotros, no. Pero teniendo un poco más de tiempo en la ciudad es una buena manera de hacer algo diferente y las vistas al Misti desde Culebrillas son preciosas. Si tenéis pocos días en Arequipa os diría que prioricéis otras cosas pero si, como nosotros, vais con más calma, la excursión no está mal. A la hora de comer volvimos a Arequipa y nos fuimos a Victoria Picantería, otro de esos restaurantes que nos habían recomendado muchísimo para probar el rocoto relleno. Es uno de los platos más típicos de Arequipa y consiste en pimiento relleno de carne y acompañado normalmente de queso y otros ingredientes. Brutal y muy recomendable. Por la tarde seguimos callejeando por Arequipa y terminamos subiendo a una terraza de la Plaza de Armas para ver la puesta de sol. Otro plan top para hacer en esta ciudad.

Día 6 – Arequipa y camino a Puno. Última mañana en Arequipa y, antes de coger el bus, nos fuimos a desayunar a Oso Café Arequipa, una cafetería de especialidad entre las 50 mejores de latinoamérica. Ideal para empezar el día con buen café y buena comida. Después del desayuno aprovechamos para dar un último paseo por el casco antiguo. Nos acercamos a los Claustros de la Compañía de Jesús y la Capilla de San Ignacio, dos espacios que merece la pena visitar si os gusta la arquitectura colonial. La Capilla de San Ignacio, además, tiene un interior decorado con una cantidad de detalles y motivos vegetales que la hacen especialmente bonita. Compramos algo de comida en el mercado para el trayecto y nos fuimos hacia la estación de autobuses para dirigirnos a Puno. El trayecto es largo y llegamos ya entrada la noche. Cena rápida en el hotel y a dormir porque al día siguiente nos esperaba el Lago Titicaca.

DÍA 7 – Lago Titica, Uros y Taquile. Y, este día, llegó nuestro primer encuentro serio con el mal de altura. Puno está a unos 3.800 metros sobre el nivel del mar y el Lago Titicaca está aproximadamente a esa misma altitud. Esa noche nuestro cuerpo lo notó y Martí estubo con templores y ganas de vómitar casi toda la noche. Aunque por un momento pensaba que no íbamos a poder seguir con los planes de ese día, el desayuno con té de coca y las pastillas que ya habíamos comprado en Arequipa para el mal de altura fueron súper bien y a las 8h de la mañana estábamos listos para salir hacia el Lago Titica, el lago navegable más alto del mundo. Nuestra excursión empezaba por las famosas islas flotantes de los Uros. Los Uros son un pueblo indígena relacionado históricamente con el lago y sus islas están construidas con totora, una planta que crece en el propio Titicaca. La explicación de cómo construyen y mantienen las islas es bastante curiosa y resulta interesante entender cómo este material forma parte de prácticamente todos los aspectos de su vida tradicional. Ahora bien, aquí tuvimos sentimientos encontrados. La experiencia nos pareció bastante turística y durante la visita nos explicaron cómo, de hecho, el turismo se ha convertido en una parte fundamental de la economía de estas comunidades. También nos hablaron de cómo las nuevas generaciones están buscando otras formas de ganarse la vida (lo que también tiene todo el sentido). Mucha gente se salta esta zona justo por este nivel de turistificación, pero yo creo que por lo menos 1 vez en la vida vale la pena subir a estas islas flotantes y entender como vivía esta étnia que decidió no pagar impuestos a los Incas y construirse sus propias islas alejadas de tierra firme.

Después seguimos navegando hasta Taquile. Esta isla nos gustó bastante más. Hicimos una pequeña caminata de media hora por la isla (que con la altura pareció mucho más) y comimos con una familia local que nos explicó parte de su historia y sus tradiciones. Taquile conserva una fuerte tradición textil y sus tejidos forman parte incluso del patrimonio cultural reconocido por la UNESCO. La isla es muy bonita y las vistas sobre el Titicaca son espectaculares. Volvimos a Puno, dimos una última vuelta por la ciudad, cenamos tranquilamente y nos subimos a otro bus nocturno en dirección a Cuzco, la joya de la corona de este viaje.

DÍA 8 – Cuzco. Llegamos de madrugada y otra vez conseguimos hacer early check-in, así que pudimos ducharnos y dormir un rato antes de salir a descubrir una de las ciudades que más nos gustaron de todo el viaje. La ciudad fue la capital del Imperio Inca y todavía hoy se pueden ver las diferentes capas de su historia: construcciones incas, arquitectura colonial española y una ciudad moderna que se ha convertido en la puerta de entrada a Machu Picchu y al resto del Valle Sagrado. Una de las cosas que más me sorprendió es cómo se mezclan las piedras incas con las construcciones coloniales. Por ejemplo, en muchas calles puedes ver muros de enormes bloques de piedra perfectamente encajados sobre los que después los españoles construyeron sus edificios. Pasamos la mañana callejeando y perdiéndonos entre calles adoquinadas y tiendas de souvenirs. Después comimos en Morena, que nos pareció una combinación perfecta de comida tradicional y local muy cuidado, y por la tarde hicimos un free tour para entender mejor la historia de Cusco y la importancia que tuvo durante el Imperio Inca y posteriormente durante la colonización española. Terminamos el día en el Barrio de San Blas, uno de los más bohemios y con las mejores vistas de la ciudad.

DÍA 9 – Ruta de las 7 lagunas. Aquí empiezan los madrugones fuertes. Nos levantamos a las 4 de la mañana para hacer la Ruta de las 7 Lagunas y se que puede sonar a locura, pero vale totalmente la pena. La ruta recorre unos 14 kilómetros y se mueve alrededor de los 4.700 metros de altitud, así que no es precisamente un paseo por el parque. La dificultad no viene tanto por la distancia como por la altura. Pero el paisaje...MADRE MÍA. Las lagunas, las montañas, los colores y las vistas hacen que cada vez que te giras tengas una postal delante. Es uno de esos trekkings en los que piensas "qué necesidad de levantarme a las cuatro de la mañana" y, unas horas después, estás diciendo "menos mal que hemos venido". Eso sí: si no estáis acostumbrados a la altura, tomároslo con calma. Nosotros ya llevábamos varios días por encima de los 3.000 metros, pero aun así el esfuerzo se nota muchísimo y al llegar al sitio del deasyuno donde empieza la excursión yo me encontraba realmente mal. Tanto, que me plantée no hacer la excursión. Con un poco de té de coca y algo de desayuno empecé a encontrarme mejor y me animé a tirarlo hacia adelante. Menos mal. Volvimos a Cuzco reventado y solo nos apetecía una merienda-cena en Florencia y Fortunata Café. Una cafetería de especialidad creada alrededor de una idea que nos encantó: visibilizar el trabajo de las mujeres dentro del mundo cafetero. A parte de un café espectacular, comí uno de los mejores bikinis que he probado nunca. También aprovechamos para dar una vuelta por el Mercado Central de San Pedro, uno de los más conocidos de Cuzco. Y directos a dormir. Porque al día siguiente volvía a tocar madrugar.

Día 10 – Palcoyo. Cuando empezamos a organizar el viaje teníamos claro que queríamos ver una montaña de colores. La opción más famosa es la Montaña de 7 Colores o Vinicunca, pero cuanto más investigábamos más claro teníamos que queríamos evitar las multitudes. Así que descubrimos Palccoyo. Y creemos que fue una decisión TOP. Nos levantamos otra vez muy pronto y pusimos rumbo a esta zona con una excursión que te recoge en el hotel, te lleva a Palcoyo, te deja que visites la zona durante 3 horas y vuelve a dejarte por la tarde en el centro de Cusco .El paisaje es absolutamente espectacular: montañas de colores, formaciones geológicas que parecen pintadas y unas vistas enormes sobre los Andes. Y lo mejor de todo fue que había muy poca gente. Después de haber visto fotos de Vinicunca llena de turistas, encontrar aquello prácticamente vacío fue un gustazo. Eso sí, aunque la caminata de Palccoyo es bastante más sencilla que otras rutas de la zona, la altura sigue siendo el principal enemigo. No subestimes los 4.000 metros porque el cuerpo te recuerda rápidamente que no estás dando un paseo por Montjuïc. Pero si buscáis una alternativa más tranquila y auténtica que Vinicunca, nosotros salimos encantados.

Día 11 – Valle Sagrado. Para recorrer esta zona alrededor de Cusco decidimos negociar un taxi con conductor y fue un acierto total. Nos permitió diseñar nuestro propio recorrido y, sobre todo, dedicar a cada sitio el tiempo que nos apetecía evitando las multitudes de los grupos organizados. La primera parada que hicimos fueron las Salineras de Maras. Aquí encontraréis cientos de pequeñas pozas de sal construidas en la ladera de la montaña. El agua salada baja por la pendiente y va pasando de una poza a otra mientras se evapora, dejando atrás la sal. El resultado es un paisaje blanco que contrasta muchísimo con las montañas verdes del valle. Pudimos verlo completamente solos porque llegamos a primerísima hora. De allí fuimos a Moray. Son unas enormes terrazas circulares excavadas en la tierra que los incas utilizaron con fines agrícolas y experimentales. La forma es tan perfecta que parece un anfiteatro gigante. Justo al lado del párking había bastante gente, pero decidimos darle una vuelta más completa (1h aproximadamente) y lo hicimos prácticamente solos. Seguimos hasta Ollantaytambo, donde paramos a comer. Y aquí hicimos una de las cosas que más recomiendo de toda la ruta: no visitar Ollantaytambo con prisas. El pueblo es precioso con sus calles estrechas, las casas de piedra, los canales de agua y las montañas que lo rodean. Además, aquí está el impresionante complejo arqueológico de Ollantaytambo, una antigua ciudad y fortaleza inca construida estratégicamente en el valle. Nos tomamos un café en Latente Café, otro sitio que os recomendamos muchísimo si visitáis Ollantaytambo tranquilamente. Por la tarde seguimos hasta Pisac y aquí sí que nos llevamos una sorpresa. El complejo arqueológico de Pisac es enorme y está construido en la montaña, con terrazas agrícolas, estructuras defensivas, templos y zonas residenciales. Nos gustó muchísimo y creo que hicimos genial de quitar 1 parada de la ruta clásica por el Valle Sagrado (Chinchero) y dedicar un poco más de tiempo a todo lo que vimos.

Por la tarde paseamos por Cuzco y nos preparamos para uno de los principales motivo por los qué visitábamos Perú: conocer Machu Picchu.

Día 12 – Hidroeléctrica y caminata hasta Aguascalientes. El día empieza un poco atropellado porque tenemos problemas para encontrar nuestros bus que nos lleva hasta Hidroeléctrica pero después de varias llamadas (y algún que otro grito) conseguimos subirnos a nuestro autobús donde transcurrieron 7 horas por carreteras realmente impresionantes hasta llegar a la parada de Hidroeléctrica. Aquí empieza la caminata de unos 12 kilómetros hasta Aguascalientes (conocido también como Machu Picchu pueblo). Y fue una decisión de 10 evitar el tren de subida y cambiarlo por este itinerario. El trekking es muy sencillo, prácticamente llano, y el paisaje es precioso. Vas siguiendo las vías del tren, rodeado de vegetación y montañas, mientras el paisaje va cambiando completamente respecto a los días anteriores. Además, nos sirvió para ir entrando poco a poco en el ambiente de Machu Picchu. Después de varios días de altura, esta caminata fue perfecta para bajar ritmo y notamos mucho que ya estábamos preparados para la altura, porque nos encontramos genial. Nos cogió la gran tormenta en el camino y llegamos a Aguascalientes empapados. Fuimos directos a nuestro hotel, secamos las bambas con secadores y salimos a cenar cruzando los dedos (y haciendo ofrendas a la Pachamama) para que dejase de llover y pudiésemos ver algo al día siguiente.

Día 13 – Machu Picchu. Después de desayunar a las 4 de la mañana, llegamos a la cola para coger el autobús que te sube a Machu Picchu y llovía muchísimo. La verdad que los ánimos estaban por los suelos. Llegamos a la entrada del recinto y empezamos a recorrer la ciudadela. Machu Picchu fue una ciudad inca construida en el siglo XV y es uno de los grandes símbolos de la civilización inca. Su función exacta sigue siendo objeto de debate, aunque se cree que tuvo una importante función religiosa, política y residencial. Estuvo oculta hasta 1911 cuando un explorador estadounidense que recorría la zona fue guiado por un niño hasta esta maravilla.

Los guías iban diciendo que tuviésemos paciencia que tarde o temprano se despejaría pero la verdad, 0 expectativas. Y de repente: ¡PUM! Se abrió el cielo y pudimos ver todo entre las nubes. Casi lloro de alegría. Creo que es uno de los momentos viajeros más épicos que he vivido. Seguimos recorriendo la zona y se iba despejando a ratos, ideal para poder hacer fotos. Nuestra entrada incluía la subida a la montaña Machu Picchu y aprovecho para decir, que no es para todo el mundo. Tiene mucha pendiente y es el doble de alta que el Wayna Picchu que es la que sube la mayoría de gente. Volvimos a bajar y seguimos disfrutando de este incréible lugar que sí: es tan espectacular como parece en las fotografías.

Una cosa importante si vais a organizar el viaje ahora: los circuitos de Machu Picchu han cambiado. Actualmente existen tres grandes circuitos y diferentes rutas, así que conviene comprobar exactamente qué entrada estáis comprando y qué permite hacer. No deis por hecho que todos los tickets permiten recorrer la ciudadela de la misma manera. Lo explicaré en un post a parte para que os facilite la elección, porque nosotros le dedicamos mucho tiempo a ésto (y con mucha antelación).

En vez de coger el bus de vuelta a Aguascalientes decidimos bajar caminando. Es bonito y fácil (te ahorras 17€ por persona) y, aunque nosotros nos empapamos porque empezó a llover muy fuerte a mitad del camino, creo que vale totalmente la pena. Comimos en el pueblo, brindamos con pisco sour y cogimos el tren hasta Ollantaytambo.

Aquí teníamos la opción de volver caminando hasta Hidroeléctrica y coger desde allí el bus hacia Cuzco, pero el tren nos pareció mucho más práctico. Sobre todo porque los buses desde Hidroeléctrica salen a media tarde y no queríamos ir corriendo después de visitar Machu Picchu. El tren es carísimo y para mí vale mucho más la pena la caminata que el trayecto en tren, pero es verdad que para volver es mucho más cómodo. En Ollantaytambo cogimos un bus hacia Cuzco y aquí, si hubiéramos tenido un día más, habríamos cambiado la ruta y nos habríamos quedado a dormir en Ollantaytambo. Pero al día siguiente teníamos vuelo hacia Puerto Maldonado, así que tocaba volver a Cuzco.

Día 14 – Cuzco y llegada a Puerto Maldonado. Nos levantamos con algo más de calma y aprovechamos para dar un último paseo por Cuzco. Mercados, calles del centro, tiendas...Y café Fuimos a Brew Coffee y, paseando por San Blas, descubrimos otro de los sitios que más nos sorprendieron: Xapiri Ground. Es un espacio dedicado al arte y las culturas amazónicas, que trabaja junto a comunidades indígenas de la Amazonía peruana. El proyecto busca dar visibilidad a sus tradiciones, arte y conocimientos y, después de saber que ese mismo día nos íbamos para el Amazonas, nos pareció una parada especialmente interesante.

A mediodía cogimos el avión hacia Puerto Maldonado y aquí cambió completamente el paisaje. Atrás quedaron las montañas de los Andes y dieron paso a la densa selva. Por la tarde llegamos a nuestro lodge, en mitad de la naturaleza, y después de tantos días de madrugones decidimos que ese día no íbamos a hacer absolutamente nada, íbamos a aprovechar la piscina y las instalaciones preciosas de nuestro alojamiento, cerrando el día con una cena en el restaurante del hotel. Antes de ir a dormir vimos una tarántula del tamaño de mi mano cerca de la habitación y nos recordó que realmente, estábamos en mitad de la selva.

DÍA 15 – Lago Sandoval. Dudamos mucho sobre que actividades hacer en Puerto Maldonado pero no queríamos agobiarnos haciendo mil excursiones así que nos levantamos sin prisa (después de madrugar durante 4 días seguidos como si dormir fuera completamente secundario) y leímos en la piscina hasta la hora de salir hacia el Lago Sandoval. La experiencia empieza con un recorrido por la selva hasta llegar al lago, dentro de la zona protegida de Tambopata. Y aquí la gracia no es tanto llegar a un monumento concreto como todo lo que ocurre durante el camino. Fauna, sonidos, vegetación, insectos que no sabíamos ni que existían... Y cuando llegas al lago, el paisaje es precioso. Rodeados de silencio y monos, nos hubiese gustado ver aún más fauna pero recomiendo totalmente la excursión. Además, nos sorprendió que hubiera tan poca gente. Después de varios días visitando algunos de los lugares más turísticos de Perú, encontrarnos en mitad de la selva prácticamente solos fue un cambio de ritmo perfecto. Y si tuviera que elegir una experiencia para terminar el viaje, creo que esta sería una de ellas.

DÍA 16 – Puerto Maldonado – Lima. Volamos a primera hora hacia Lima y, después de todo lo que habíamos visto durante las dos semanas anteriores, la capital nos dejó un poco fríos. No nos enamoró, la verdad. Paseamos por el Parque del Amor, en Miraflores, con sus vistas sobre el Pacífico, y después llegó una de las grandes experiencias gastronómicas del viaje. La Mar Cebichería. Segundo restaurante de Gastón Acurio de la ruta y 10/10. El nombre le hace justicia: es una auténtica celebración de la cocina marina peruana. Cebiches, tiraditos, pescados, mariscos...Nos encantó.

Después volvimos al hotel a descansar un rato y fuimos a dar una vuelta por uno de los grandes centros comerciales de Lima.

Y por la noche teníamos reservada nuestra última cena del viaje. Astrid & Gastón. Aquí ya no estamos hablando simplemente de cenar. Estamos hablando de una experiencia gastronómica que creo que es indispensable si visitas Lima. El restaurante está ubicado en Casa Moreyra, una antigua casona que sirve de escenario para una cocina peruana contemporánea que juega con ingredientes, técnicas y tradiciones de diferentes partes del país. Y fue el broche perfecto para el viaje.

Después de 16 días comiendo por todo Perú, terminar el viaje aquí tenía bastante sentido.

DÍA 17 – Lima y vuelta a Barcelona. Y llegó el último día. Bueno, técnicamente todavía nos quedaban unas horas. Y decidimos dedicarlas al que se convirtió en nuestro barrio favorito de Lima: Barranco. Si tengo que recomendar una zona de Lima después de nuestra experiencia, me quedo con ésta sin duda, mucho antes que Miraflores. Barranco tiene un ambiente diferente, más alternativo, con casas antiguas, galerías, arte urbano, cafeterías, restaurantes, mercados y calles por las que simplemente apetece pasear. Nos dedicamos a callejear sin demasiados planes, a comprar alguna cosa, comer bien y disfrutar de las últimas horas del viaje.

Y poco a poco llegó el momento de ir hacia el aeropuerto. Vuelo nocturno a Miami con escala de un día para conocer la ciudad (un acierto total) Y vuelta a casa.


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